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Juanita fué una mujer que vivió 30 años de su vida dedicada al cuidado de adultos, y hace 34 años atrás, logró cristalizar el sueño de tener su propia residencia para adultos mayores.

Lo bautizó “Mamina” y la ternura de ese nombre se trasladó inmediatamente a quienes desde el primer día fueron sus “Huéspedes” logrando consolidar en muy poco tiempo un prestigio realmente importante, que se cimentó gracias a la profesionalidad y la dedicación de Juanita.

Pero no sólo logró su sueño con “Mamina” porque coincidentemente también hace 36 años, nacía Héctor su hijo quien, aparte de ser el gran amor de la vida de Juanita, fué creciendo juntamente con el Residencial. Desde muy chico fué mamando todo lo que su mamá (casi sin quererlo) le fué enseñando, aprendió a amar “Su” Residencial y al mismo tiempo, ese amor se fue trasladando lenta pero muy firmemente a  los ancianos que eran usuarios de “Mamina”.

Vió como su mamá les daba amor, cariño, respeto, comprensión y extremo cuidado, Y allí Héctor se dió cuenta que su camino estaba emparentado totalmente con el de Juanita.

Aprendió a quererlos como verdaderos abuelos y cuando Juanita lo dejó, el sabía todo lo que tenía que saber, como también sabía que debía continuar con el legado que su mamá le había inculcado.

Hace ocho años que dirige el Residencial y fue tanta la experiencia y la enseñanza que como dijímos “mamó” desde chico, que en ningún momento la Empresa decayó en su calidad y su servicio.


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